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BIOGRAFÍA

 

A lo largo de más de 25 años, mis pacientes y discípulos me han preguntado una y otra vez:

 
Si la capacidad de  sentir-percibir a través de las manos y el cuerpo era “un regalo” o ¡algo especial! que solo unos cuantos agraciados podíamos  disfrutar.
 
Finalmente todos añadían  ¿Yo lo podría hacer?
 

Siempre he respondido que los cuerpos son cuerpos y que todos con razonables diferencias tienen las mismas cualidades, aunque diferentes preferencias.

 

Sentir no es nada especial, es más bien el normalizar algo de valor que uno posee. Sin embargo,  ya sea por desconocimiento o falta de práctica, pasa desapercibido para unos, ignorado por otros y rechazado por muchos.

 

En estos 25 años  de trabajo como terapeuta-sanador, ha habido un gran cambio en la conciencia de las personas, y ahora, el chamán o el vidente están de moda. Cuando yo comencé,  todo “era brujería”,  “oscurantismo” o Esoterismo.

 

La moral todavía dominaba la mente que compartimos.

La Era está cambiando y nos está cambiando, y el universo entero nos recuerda que somos “seres sensibles”, sensitivos, amorosos e  inteligentes; y que nuestro cuerpo guarda para nosotros “regalos preciosos” e inesperados.

Para mí, la sanación es un Arte, y soy sanador gracias a la enfermedad.

La enfermedad crea preguntas y  el aprendiz crece cuando busca respuestas

Nací en la época de los aprendices, fui aprendiz en la oficina de una pequeña empresa, después aprendiz de electricista y más tarde tuve como guías y maestros a varios grandes sanadores.

La humildad es la prueba del que quiere aprender,  y esa cualidad no puede madurar si primero  no se cultiva el  “ser-receptivo-femenino”, ya que absorber, madurar y parir, son cualidades femeninas.

Con el paso del tiempo,  me di cuenta de que la sabiduría o arte  en cualquier oficio es la consecuencia natural del libre fluir de la energía, ya que ésta  busca como expresarse libre de condicionamientos, modas o estrecheces de cualquier tipo.

Al igual que el pintor crece y aprende con cada cuadro, así el terapeuta-sanador crece y se forma ante cada enfermedad o padecimiento al que se enfrenta.

La enfermedad implica sufrimiento. Cuando al sufrimiento le quitamos memoria, futuro e inconsciencia,  se convierte en  dolor.  El dolor y la consciencia son  la luz que guían al terapeuta-sanador a  lo largo de su vida.

El terapeuta-sanador es un enfermo positivo. Es decir, alguien que se observa, que se acecha y que cultiva sobre todas las cosas el arte de transformar el plomo en oro en cualquier circunstancia: en el nivel del cuerpo y su salud, del corazón, su entrega y cuidados,  o  de la mente y su capacidad de comprender todas las verdades.

La inteligencia no reside en la cabeza: está en nosotros y fuera de nosotros, es el universo entero, no tiene necesidad ni de ti, ni de mí. Sin embargo, está a nuestra disposición y se convierte en  un “instrumento"  en manos del Alma, cuando la  liberamos de todo miedo y control. Y “el sentir, es decir, la sensibilidad, no es más que la consecuencia natural de alinear y unificar cuerpo-corazón y mente.

En ese centramiento,  se da de manera natural el don que después el alma utilizará. Dependiendo de la escuela a la que represente el alma así será su expresión aquí en esta  tierra. Unos tienden a lo artístico, otros a lo científico, otros a la curación etc.

El terapeuta-sanador nunca puede  “ser sanado”. Sería un error fatal, pues esa creencia llevaría al alma a confundirse con el Ego y con su  insistencia en tener siempre una motivación o finalidad para hacer todo lo que hace.

La sanación no tiene principio, ni tiene fin.

 Porque sanarse es “el Camino”

y caminar significa aprendizaje, enseñanza y experiencia.

Y...si el camino hace al caminante, el Ser-Luminoso trascendente nace cuando caminante y camino se hacen Uno.

 

En ese punto se disuelve el caminante en el camino, el sanador en la enfermedad y toda la personalidad y sus preguntas desaparecen bajo la abrumadora Luz del SER-ESPÍRITU y  el silencio que lo acompaña.

 

En ese lugar desaparecen todas las preguntas:

¿Hasta cuándo durará esta enfermedad?

¿Cuándo dominaré mi arte?

¿Cuándo sabré lo suficiente?

¿Cuándo seré feliz?

Y un largo etc…

 Se acabaron esas preguntas. En su lugar nacela llama de la Atención”,  que certeramente y sin prisas va escudriñando y desvelando todos los pasajes que llevan silenciosamente al gran Misterio.
 

 
Cristóbal es, ante todo, un sanador. Un sanador apasionado de  su trabajo, involucrado activamente en los procesos de sanación de sus pacientes con una experiencia de más de dos décadas.
 
Su constante búsqueda en mejorar y refinar los métodos de trabajo y el desarrollo de sus cualidades tanto sensitivas como de observación y energéticas lo elevan hasta el grado de maestro de su oficio, superando límites que podrían ser rechazados por los esquemas de la  razón y adentrándose en los terrenos de lo extraordinario.
 
Esta experiencia le ha proporcionado un profundo conocimiento sobre la naturaleza de la psique humana y su estructura energética, de tal forma que cuando plantea sus enseñanzas no existe división clara entre ambas.
 
Cristóbal se ha formado con diferentes maestros. Comenzó su andadura como yerbero. La recolección de plantas y el estudio de sus propiedades le brindó la oportunidad de contactar  profundamente  con la naturaleza a la manera de los sabios antiguos: sensibilizarse con los misterios de la creación ocultos para la mayoría de los mortales, descubrir las leyes de los procesos naturales y su correspondencia con la naturaleza humana; cribar, de la complejidad aparente de los fenómenos, la sencillez que emerge del orden superior y  de la armonía de las relaciones entre todos los seres.
 

Mientras realiza su trabajo de introspección y desarrollo personal descubre sus herramientas innatas: una exquisita sensibilidad que le aporta consistencia a su sentir,  su capacidad de visión y su talento creativo. Poco a poco va sintonizando con la estructura sutil del universo descubriendo, analizando y asimilando las relaciones de Los Cinco Elementos y Los Dos Aspectos: Masculino y Femenino y penetrando en los dominios del silencio.

 

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