INICIO TERAPIAS CURSOS VIAJES AGENDA RETIROS GALERÍA BIOGRAFÍA CONTACTE

 

ESCRITOS CRISTÓBAL MOYA - CAMINO CON ALMA

 

El Gran Banquete

 

Hoy, os voy a explicar un cuento:

Como todos los cuentos, fue algo que ocurrió.

Como la vida es un círculo, lo que pasado fue, trueca y ahora es... ahí está la lección.

Afuera… una casa señorial, situada en el mejor de los lugares, equipada con todo lo necesario. Estancias luminosas, cómodos muebles...! Imagínate ese lugar en el cual querrías vivir!

En esa casa el banquete estaba servido. Inimaginable todo lo que sobre la mesa había. Excelentes verduras y ensaladas de todos los colores, frutas para todos los gustos, ácidas, dulces, amargas...

Deliciosas carnes preparadas con el mayor esmero y cuidado. Los pescados más frescos y deliciosos que el mar pueda ofrecer.

Vinos y cavas, todos ellos preparados por los mejores alquimistas.

Los maestros pasteleros habían elaborado postres deliciosos, confituras y mermeladas. Los mejores chocolates...Ni en los mejores sueños uno se podría imaginar una mesa tan bien puesta, con tanta gracia y abundancia.

Había de todo y más...

Dos hombres vivían en ese espacio sagrado. Uno, vueltas a su izquierda daba y todo el día se preguntaba para quién sería tanta comida como en la mesa había. Pensaba: no seré yo quien se coma tal cantidad de comida, no puede ser para mi tanta abundancia, ¡no me lo puedo creer! Y con las manos en la espalda y siempre pensativo con su eterna pregunta caminaba.

¿Para quién será tal abundancia?

Dejemos pues a este buen hombre y busquemos al otro que también en algún lugar de la casa vivía.

Hallémosle que disfrutando del banquete estaba. ¡Qué bueno! se decía.

¡Gracias doy a la existencia por tener que comer cada día!

¡Que más desearía en esta vida!

Hacia la derecha despacito caminaba. ¿Por qué? ¡Vaya tontería! Quien no lo entienda es que todavía no es su día. Dejemos pues a esta alma agradecida.

Busquemos al hombre que con su duda caminaba despacito hacia la izquierda y con las manos en la espalda. En el espacio mas frio de la casa estaba, quejándose de su suerte y de que nada entendía. Esto no es vida, se decía. ¡No puede ser que entre tanta abundancia yo posea tan poco!

Era tal su rabia y frustración que de hambre se moría. Mientras se quejaba, comer al otro sentía.

Ahí está!  Pensó.

-Mi eterna pregunta resuelta.

- Ahí está el dueño de esta comida divina.

-Ahora ya  puedo morir tranquilo pues se a quien pertenece este banquete divino.

Mientras esto ocurría el otro hombre llegó y muerto a nuestro hermano encontró. Lo miro detenidamente y una pregunta le asaltó.

-¡No es de hambre que este hombre murió, pues un buen banquete encontró!

- ¿Qué le pasaría a este hombre que en la abundancia murió?

-¡Tal vez no encontró sus cubiertos! o ¿poca hambre sintió?

La verdad es que mientras unos  lloran, otros se ríen y el banquete ahí está, quien no come es porque no quiere-puede-ve.

 ¿Y cómo se le puede ayudar? Nada mas el hambre cura, pues hambre se le ha de dejar pasar y no sentarse en su mesa, porque o si no hambre pasaras.

Es la vida un camino, por donde has de pasar, cada uno come de la vida. “Lo que Ve nada mas”.No vayas explicando cuan lleno el plato esta, porque habrá quien te diga, ¡este hombre loco esta! ¡Yo muriéndome de hambre, y el diciéndome que en la abundancia esta! Y colorin colorado este cuento no se ha acabado. Es eterno y hasta siempre “hermano”.

Sepas comer… en la abundancia y no vayas luciendo de lo que has encontrado, hártate y que te vean satisfecho, es así que serás preguntado.

Se que llegaras, ves con cuidado, sepas el plato alcanzar pues esta…

 

                                                                                          ahí a tu lado.

El caminante